El recorrido que hago a tu casa es de aproximadamente dos horas, es bastante entretenido sobre todo cuando llego en aquel punto en donde se puede ver la ciudad casi completa, claro, siempre y cuando no haya mucha contaminación.
El otoño empezaba y aquel día sentía una rara sensación, tenía prisa en llegar, algo dentro de mí me decía “apúrate” y no era ese pequeño detalle que falta a mi costumbre (en aquellos días) iba un poco tarde. Sabía que la hora en que llegase no importaba pues al final de cuentas mi hora de regreso siempre era de noche, además de que la intención era solo visitarte aun así fueran diez o quince minutos, saber cómo había transcurrido tu semana, el estado de salud y los pequeños detalles que solías contarme, bueno, que me podías contar dadas la circunstancias.
Cuando tu hermana abrió la puerta supe que algo había pasado por la expresión con la que me miro, fue entonces que me dio la noticia y en seguida salí corriendo hacia donde me acababa de decir que te encontrabas. La memoria se me borro por la emoción, tuve que hablar a Locatel para pedir la dirección y el modo de llegar a aquel lugar, pensé durante el camino en muchas cosas o quizá en ninguna pues no logro recordar ahora esos minutos, lo único que deseaba es que estuvieran bien.
Al llegar vi a tus padres, con esa cara de exasperación, impaciencia, cansancio, angustia y ese tipo de rostros que uno ve en los hospitales. Llevaban horas esperado algún informe, además de las que se habían tardado esperando a que te ingresaran, así que la respuesta que obtuve al preguntar la situación de las cosas no fue muy alentadora.
Pasaron las horas y la angustia que me recorría era algo extraña, era algo que no había sentido ni cuando mis hermanos nacieron, no era la sensación de un padre esperando a su hijo pues esa emoción la viví un año después, fue algo extraño que aun hoy no puedo describir. Dieron las diez de la noche y con ello el momento en que daban los informes, los tres nos acercamos lo más pronto posible y un calor recorrió mi cuerpo, alegría, alivio y una muy grande emoción aun indescriptible e insuperable sentí cuando escuchamos el “fue niña y están estables”
Recuerdo aquel día muy bien, cada que lo cuento siento las mismas emociones, es como si no hubiese pasado ya tanto tiempo, es como si lo acabara de vivir, quien diría o pensaría que lo que platico y escribo el día de hoy paso ya hace ¡9 AÑOS!
Feliz cumpleaños Carol!!!!