Muchas veces uno busca cambios, los desea y los plantea para salir un poco de la cotidianidad y ser “mejores”, sentirnos satisfechos de nuestros actos, para demostrar cuanto hemos aprendido de las cosas de la vida o simplemente para llamar la atención. Hace algunos días expuse aquí esas pretensiones de buscar cerrar círculos y cambiar algunos rumbos, pero no encontraba la forma de hacerlo.
Suelo decir que no creo en el Destino y he llegado a tal punto de convencimiento que ya me la creí, y es que no me gusta seguir parámetros y me repugna la simple idea de que todo lo que hacemos ya está predispuesto y planeado. Me gusta más creer en las alineaciones de los planetas, las estrellas y la influencia que los días, el clima y la naturaleza pueden tener respecto a nuestro presente y sobre todo creo febrilmente en las buenas rachas.
Me fue necesario azotarme un poco, culparme de sobremanera, hacerme el mártir, insultarme, escribir y quejarme cual político insatisfecho por que le quitaron parte de su sueldo para los damnificados de Haití sin pedir su noble opinión para darme cuenta que es lo que necesito hacer para la reinvención de mi cotidianidad. Pase por un primer festejo, una resaca de aproximadamente 72 horas, un concierto dentro de una librería, soportar a un gritón durante ese concierto y tres semanas de inconsistencias para poner manos a la obra y empezar con las actividades que me llevaran a ese camino.
Y a pesar de todo lo anterior el punto desencadenante para los cambios radicales se presentó un día en que encontré por la mañana una cara melancólica, pensativa y desconcertada, ese día que asistí al registro civil para comprobar que es más fácil casarse que divorciarse, donde me topé con las eternas obras de esta ciudad ahora sobre la avenida Tláhuac altura del panteón de San Lorenzo Tezonco, cuando reflexioné sobre lo ridículo de llamar anillo periférico a esa avenida que es la vía vehicular media de la ciudad y antes de ir al mercado de Jamaica para comparar rosas en medio de tanta flor mancillada y comercializada indiscriminadamente.
En fin, llegó una propuesta que había estado buscando meses atrás y que por una u otra situación no se había dado, fue tan repentina que me impactó demasiado y me orillo a recurrir a métodos que en la vida había utilizado. Hay nerviosismo, incertidumbre, alegría, planes, ilusión y muchas ganas de que todo salga bien en este cambio drástico que se presenta ante mí. Algo se alineo y una buena racha se ha atravesado en mis días, reencuentros inesperados, sentimientos revividos, estabilidad, y el camino a la independencia que ha iniciado ya su cuenta regresiva, “hoy si puedo distinguir un presagio alentador”…
A empacar cosas!!!!
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