Se despertó en aquella cama vieja, dentro de esa casa vieja, construida con adobes de lodo y paja, del techo entraban rayos de luz que usó para ver la sangre de sus manos, de afuera se escuchaban ya aquellos sonidos del amanecer. Se levantó por inercia y al abrir la puerta sintió la fresca brisa que lo invitaba a recorrer aquel campo de colores bicombinados. De repente una ansiedad le recorrió el cuerpo, un vacío lleno su estómago y la necesidad de escapar irrumpió en su ser.
Pisando hierba y hojas secas caminó, aceleró el paso, inhaló-exhaló, miró abajo, los grillos que saltaban, otros que aplastaba, se echó a correr, arboles, ramas que lo rasguñaban, pájaros que cantaban, el arroyo que nunca deja de correr. Siguió el caudal, cambió de orilla, más árboles, inhaló-exhaló, ya no podía más. Retomó el paso, se adentró de nuevo en el bosque, miro arriba, una nube, la copa de los árboles, bochorno, sudor, agitación, se derrumbó, cerró los ojos, se quedó dormido, empezó a soñar.
Pisando hierba y hojas secas caminó, aceleró el paso, inhaló-exhaló, miró abajo, los grillos que saltaban, otros que aplastaba, se echó a correr, arboles, ramas que lo rasguñaban, pájaros que cantaban, el arroyo que nunca deja de correr. Siguió el caudal, cambió de orilla, más árboles, inhaló-exhaló, ya no podía más. Retomó el paso, se adentró de nuevo en el bosque, miro arriba, una nube, la copa de los árboles, bochorno, sudor, agitación, se derrumbó, cerró los ojos, se quedó dormido, empezó a soñar.
Despertó de nuevo en la cama, el techo había desaparecido , la noche, las estrellas, ni rastros de la luna, un suspiro, movimiento a su lado, una mujer desnuda, la abrazó, la acarició, la olió, la besó, ella inerte, se convirtió en serpiente, era la muerte, era el vacío, era su soledad, inhaló-exhaló, se empezó a masturbar, jadeó, apretó, más rápido, gritó, ¡eyaculó!, oscuridad, oscuridad, oscuridad…despertó y seguía en el mismo lugar, acostado, con la espalda y la entre pierna húmedas, bajo un árbol perdido, sin saber que es real, inhaló-exhaló, cerró los ojos , otro sueño apareció.
Luz y oscuridad, orden y caos, materia y espíritu, Dualidad…
El cierro rojo, ¿oscurece o amanece? Se preguntó, crujidos de hojas, ¡alguien se acerca!, pasos, cascabeles, el viento llora, frio, llanto, llanto, inmensa tranquilad, inhaló-exhaló, dio media vuelta para escapar pero ya estaba ahí, omnipresente, impotente, mujer-serpiente, ¡Cihualcóatl! Quedó inmóvil, petrificado, cerró los ojos y ahogando su grito empezó a llorar, ¡Eufemismos, eufemismos, eufemismos!, escucho decir, al de “voz varonil”, sorprendido abrió los ojos y vio a Tlacaelel frente él.
¡Soy “El que anima el Espíritu” el gran sacerdote Cihualcóatl, consejero Tlatoani de Itzcóatl, Moctecozuma Ilhuicamina y Ahuízotl, forjador del señorío mexica, “el desposeído”, y te vengo a decir que uses mi nombre, pongas un guion y empieces a decir!
En ese instante desapareció, inhaló-exhaló y despertó... la confusión se había ido, todo estaba en paz, emprendió el camino de regreso, inhaló-exhaló y por primera vez sintió satisfacción, ahora sabía dónde buscar, que soñar, que imaginar, que hacer y que escribir.
En ese instante desapareció, inhaló-exhaló y despertó... la confusión se había ido, todo estaba en paz, emprendió el camino de regreso, inhaló-exhaló y por primera vez sintió satisfacción, ahora sabía dónde buscar, que soñar, que imaginar, que hacer y que escribir.
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