Y entonces miras a todas partes esperando ver a alguien, sólo para saber que sigues entre los vivos, para saber que existes aun, ese dejo de soledad te persigue, te cala las entrañas, te hace sentir escalofríos y una ardiente melancolía se apodera de ti. Inhalas todo el aire que puedes para poder llenar ese vacío en tu estómago, nada lo calma, prendes un cigarro y lo consumes devorando el humo para intentar calmar esa ansiedad, esa angustia, nada funciona. Caminas de un lado a otro, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete pasos, dos de regreso, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, media vuelta y repites el conteo, lo haces para distraerte y pensar en otra cosa hasta que las preguntas surgen ¿Por qué siete pasos? ¿Por qué es el número de la existencia? ¿Y en verdad existes?, recuerdas la metáfora del árbol que cae, si gritas ¿Quién te escucha? Si caes ¿Quién te levanta? ¿Quién te mira? ¿Quién te toca? ¿Existes en realidad? Sí, las preguntas estúpidas también surgen en estos episodios.
Estás aislado, buscas tanto el estar contigo mismo, que cuando tienes la oportunidad como en este momento, no sabes qué hacer con tus pensamientos, tus recuerdos, tus necesidades, tus inquietudes, tu ego. No sabes estar realmente “solo”, tanto lo has buscado que cuando lo encuentras deseas y anhelas el contacto, ser uno más, “un extraño en la multitud”, lidias con lo que has estado esperando para salir de tu soledad ¡que paradigma! Y entonces recuerdas las voces, las risas, el contacto, suspiras y deseas no estar en esta situación que tú mismo te has propiciado, dejas de caminar y tu mirada se queda fija sin mirar nada, tu imaginación quiere crear imágenes de personas, de lugares, de todas aquellas cosas que te mezclan en una sociedad de la que muchas veces has querido huir, vuelves a suspirar y todo parece calmarse, sabes dentro de ti, que no durara mucho, que no soportaras tanto, que solo hace falta una llamada, unos pasos, para que esa sensación desaparezca tal cual la estas sintiendo, pero también sabes que solo se transformara y aun así te sentirás de nuevo desolado, en ese vacío, te enrollaras de nuevo en ese espiral que cada día te absorbe a momentos como el que acabas de pasar.
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