Un día desperté sin ganas de hacer NADA. Después de muchas vueltas e intentos fallidos por volver a dormir, me levante de la cama y escogí la ropa que me pondría, sinceramente no me costó trabajo, entonces me encamine a bañarme, y como suele pasar en ese acto pensé en muchas cosas sin sentido y todas las ideas buenas creo se escurrieron junto con el jabón y el agua, no desayuné, tomé la indispensable mochila que me acompaña a todos lados y salí a la calle con el humo del primer cigarrillo que me recordaba el deber que tengo con mi estómago antes fumar. Ya en el transporte público saqué el libro en turno pero no me ínsito el leer, la música de por sí ya sonaba desde que cerré la puerta de la casa. Entonces, al mirar las calles, los coches, la gente, el cielo, los negocios y un gato sobre una marquesina, me di cuenta que me encaminaba a ninguna parte, que solo la inercia de ir a algún lado me había hecho hacer lo antes escrito.
Como no quería que la situación en la que me encontraba fuera en balde, tome la decisión de llegar hasta el paradero, tome el metro y llegue hasta la estación Pino Suarez para recorrer el pasaje de libros, obvio nada me llamo la intención porque no me detuve a observar en ningún local, salí hasta la plancha del zócalo me recargue en el asta bandera y me pregunté a mí mismo ¿qué hago aquí? Y emprendí el camino de regreso. En vez de tomar el metro regresé por la microbús que circula por el centro de la cuidad, acción que me hizo caer en el arrepentimiento después de estar más de 20 minutos entre las calles de la merced.
Después de aproximadamente tres horas que me tomó volver a casa, entre con la sensación de no haber salido de aquí, prendí la computadora y a los dos minutos perdí todo interés de navegar, leer correos, o el sin fin de cosas la mayoría inútiles que suelo hacer frente a este tipo de nuevo vicio. Me dispuse a ver la programación de la televisión y como siempre nada, nada bueno a mi parecer había. Me encontraba como rara vez pasa solo en la casa, mire para todos lados, salí a fumar otro cigarrillo y al terminar entre a la recamara y me recosté, entonces me di cuenta que cuando uno despierta con ganas de hacer nada simplemente no hay que levantarse de la cama.
sí ahora que lo dices creoq ue tienes razon..
ResponderEliminarcaundo alguien tine ganas de hacer nada es mejor no levantarse d ela cama.. pero a veces hay que trabajar.. o ir a la esc -_______-
quedo lindo tu blog.! se supone que yo lo iba a arreglar jaja..
^^
saludos!